lunes 9 de noviembre de 2009

Unos versos de Alda Merini

Navego como una sombra
en el sueño del día
y sin saber
me reconozco como tantos
inclinada sobre un altar
para ser comida quién sabe por quién.

miércoles 4 de noviembre de 2009

¿Y cómo no quererlo?


Escribe Eduardo preguntando de quién es el verso "noviembre es el mes que más quiero". Y le contesto: Ahora mismo no me acuerdo y luego supongo que tampoco, pero lo intentaré y le escribo que sé que en noviembre caen las hojas amarillas y que en mayo vuelve a abrir la blanca flor mientras corren sin cesar las manecillas encerrás en la esfera del reló, que alguien le robó a alguien el mes de abril, que hay tardes últimas de julio pesarosas, y píos deseos al empezar el año, que diciembre es esta imagen de la lluvia cayendo con rumor de tren cuando la luz color de acero nos refugia en los sótanos y que alguna vez recuerdo ciertas noches de junio de aquel año, casi borrosas de mi adolescencia y que también, y sobre todo, tengo clavado en el paladar que agosto es una hostia con sabor a sandía y a gintonic (hay quien bebe como si comulgara).
Y en esto ando cuando recibo otro correo de Eduardo: "La cita no era exacta, pero su autor es el único, el inimitable..." Y me envia el poema
Y lo leo y es contagioso y pegadizo este noviembre, para comérselo, ¡para no quererlo!:

NOVIEMBRE

Llega otra vez noviembre, que es el mes que más quiero
porque sé su secreto, porque me da más vida.
La calidad de su aire, que es canción,
casi revelación,
y sus mañanas tan remediadoras,
su ternura codiciosa,
su entrañable soledad.
Y encontrar una calle en una boca,
una casa en un cuerpo mientras, tan caducas,
con esa melodía de la ambición perdida,
caen las castañas y las telarañas.

Estas castañas, de ocre amarillento,
seguras, entreabiertas, dándome libertad
junto al temblor en sombra de su cáscara.
Las telarañas, con su geometría
tan cautelosa y pegajosa, y
también con su silencio,
con su palpitación oscura
como la del coral o la más tierna
de la esponja, o la de la piña
abierta,
o la del corazón cuando late sin tiranía, cuando
resucita y se limpia.
Tras tanto tiempo sin amor, esta mañana
qué salvadora. Qué
luz tan íntima. Me entra y me da música
sin pausas
en el momento mismo en que te amo,
en que me entrego a ti con alegría,
trémulamente e impacientemente,
sin mirar a esa puerta donde llama el dios.

Llegó otra vez noviembre. Lejos quedan los días
de los pequeños sueños, de los besos marchitos.
Tú eres el mes que quiero. Que no me deje a oscuras
tu codiciosa luz olvidadiza y cárdena
mientras llega el invierno.

Claudio Rodríguez

lunes 2 de noviembre de 2009

LLevaba días llamando a Estheres

y sólo se volvían José Luises, que por otra parte la mayoría son buenas personas, al menos los qe yo conozco, claro, que con los José Luises como con las demás personas o acontecimientos no me gusta generalizar, sobre todo con los Venancios, que he conocido dos y cada cual es más dispar. Aunque si hay que generalizar me quedo con los Gonzalos, pues ya lo dice el refrán: No hay Gonzalo malo ni por su gusto apaleado. Salvo los masoquistas, debería añadir el refrán. Pero los refranes, ya se sabe, añaden más bien poco. En fin, otro lexatín ">

viernes 30 de octubre de 2009

Sobre críticos y conocimiento del medio

Un crítico empírico se arroja por un sorprendido terraplén. Cuando, tras golpearse con piedras, arbustos y cualquier otro tipo de saliente, llega rodando abajo y comprueba que no ha sufrido ningún daño de importancia se apresura a calificar al terraplén de banal intrascendencia que la naturaleza podría haberse ahorrado. El terraplén parece no sentirse afectado pero quizá ya haya empezado a llorar sus penas por dentro hasta hacer brotar un manantial.

miércoles 14 de octubre de 2009

Lección de pintura de Domingo Sánchez Blanco

">

Quizá dedicada a Miquel Barceló.

viernes 2 de octubre de 2009

Hoy es un gran día

Jim Jarmusch estrena hoy una película en la que actúa una petenera. Juan Carlos Mestre gana el Premio Nacional de Poesía. El filólogo asesino que si algún día tiene que morir no se decide entre hacerlo viendo una película de Jarmusch o escuchando flamenco y que si quiere seguir viviendo es también porque sabe que existe gente capaz de decir
Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,
dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad...

cierra el periódico y se siente tan ancho que está tentado de pedir un permiso de fin de semana para salir a la calle a abrazar hasta a los más contagiosos.

martes 29 de septiembre de 2009

Lecturas del filólogo asesino

Abrí la novela. En la primera pagina el novelista describía a un personaje como un hombre de cara rugosa y redonda como una hogaza. Me estremecí (tuvo que ser la audacia de la comparación) como sólo lo hace un hombre que se ha estremecido mucho.
Al principio de la segunda página el novelista añadía que el tipo era rechoncho como un tonel y feo y desagradable como un sapo. Volví a estremecerme, esta vez como sólo lo haría el campeón mundial de estremecimientos. A mitad de esa misma página me alegré de estar todavía privado de libertad y bajo los efectos de la medicación. Cerré el libro y, casi sin querer, leí en el cintillo rojo (rojo como... como... como un cangrejo o como... como... como un pato rojo) que un crítico había escrito que la novela "es una historia que respira y transpira inteligencia".
Hace un momento acabo de pedir al psiquiatra que me aumente la dosis de ansiolíticos, al juez que me amplíe la condena y al encargado de la biblioteca que esté unos días sin volver a pasar por mi celda a no ser que me traiga los cuentos completos de Scott Fitzgerald.

martes 22 de septiembre de 2009

Sueños y resurrecciones

Quería saber por donde respiraban las gallinas. Eso fue cuando pasaba los veranos en Villartoso, en casa de su tío. El niño había observado que al meter en agua la cámara pinchada de la rueda de la bicicleta las burbujas anunciaba el agujero. Así que tuvo la ocurrencia. Atrapó una gallina y la introdujo enterita en un pilón lleno de agua. Esperó un rato y ni una burbuja así que cuando se cansó del experimento y la sacó del agua la gallina ya no respiraba. Tras mirar a los lados, para comprobar si había sido visto arrojó el cadáver sobre la leñera y se echó al monte a vivir en montaraz reflexión las últimas horas que le quedaban de vida. Sabe que su tío lo va a matar: ojo por ojo y niño por gallina. Cuando antes de caer la tarde ya resignado regresa al que presumía cadalso se encuentra con que en la casa y en su tío reina una dulce y extraña calma. Busca el cuerpo de gallina en la leñera y no lo halla. Busca entre las aves y se sorprende de ver a la experimentada gallina picoteando entre las otras. Entonces llega a una conclusión científica: Las gallinas muertas resucitan si no son comidas inmediatamente.
Eso nos contó José Luís en la puerta del bar Félix en La Alberca . Pero la historia que yo quería contar es otra.
- ¿Qué historia contaste el otro día que parecía el sueño dorado del presidente de la CEOE?
- ¿La de la gallina?
- No, de esa me acuerdo.
- La del tren brujo.
Cuando llegaba el tren brujo a Eibar por las fiestas de San Andrés, José Luís y sus amigos llegaban a un acuerdo con el dueño para acarrearle agua en cubos a cambio de unos viajes gratis. Después de muchos acarreos los críos se ganaban el derecho a dar una o varias vueltas sin pagar. Entonces, el brujo-dueño del tren los colocaba en la última vagoneta y cuando la atracción ferial comenzaba se subía al estribo justo detrás de ellos, se colocaba su carismática careta y con su no menos carismática escoba se dedicaba en exclusividad a molerlos a palos. Eso nos contó José Luís esta vez dentro del bar Félix mientras tomábamos unas cañas. Vaya, le dije, ese sería el sueño del presidente de la patronal.
Y después de tan moralizante historia decidimos ir hasta el Zambulerio, a comer unas alitas de pollo antes de que resucitaran y se pusieran a volar por toda la plaza o a posarse en los alerones de los tejados o a revolotear sobre el mismísimo crucero. Y lo que faltaba, que ese milagro, que esa resurrección de la carne aviar acabara por atraer todavía más turistas y más beatos y a lo mejor hasta algún empresario de tren brujo con sueños de presidente de la CEOE.