viernes 5 de junio de 2009

Kung fu

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Me llama M. y enseguida notó en su voz que está muy afectado, aunque no hay que ser muy listo para acertar: sólo me llama cuando está o afectado o indignado. Tenía un cincuenta de posibilidades y las he aprovechado.
Como siempre casi ni me da tiempo a decir aló o ¿sí? u hola.

- Se ha muerto David Carradine, es decir Kung fu –empieza el monólogo- y estoy jodido, tú quizá no lo entiendas porque eres más mayor y más insensible a estas cosas, pero Kung Fu significa mucho en la formación de toda una generación o por lo menos en la mía. Kung Fu me enseñó tantas cosas: me enseñó, por ejemplo que siempre hay una historia nueva más allá del horizonte, alguien a quien ayudar y alguien a quien patearle el culo, que el sol sirve para orientarte, pero que hay que mirarlo brevemente y de soslayo para no sufrir quemaduras en la retina, que un pensamiento es más rápido que una lanza o una bala. Kung Fu me mostró el camino del autocontrol y de la concentración para atacar la moneda sobre la palma con la rapidez de un rayo y la precisión de un poeta para llevártela antes de que se cierre la mano (así gané mis primeras pesetas, así perdieron también por primera vez las suyas mis compañeros de colegio, así compre mi primer libro de autoayuda). Él, para alborozo de mi madre, me enseñó que siempre es conveniente llevar bien limpios los pies porque nunca sabes cuando hay que partirle la boca a alguien ni en que momento, que se puede llamar pequeños saltamontes a cualquiera sin avergonzarse, que el enemigo es el miedo y la armadura es el amor, que son sólo los ojos los que vuelven ciego al hombre, que si no se puede ser poeta hay que intentar ser poema … ¡tantas cosas!
Yo creo que no se le ocurre ninguna más y que incluso estas últimas frases las está leyendo de algún periódico
- Ahora está muerto, - continua- una limpiadora lo encontró en la habitación que ocupaba en el Swisshotel Park Nai Lert, en Bangkok con un cordón de nailon alrededor del cuello y los genitales, víctima, dice la policía, de un accidente sexual, de una novedosa, al menos para mí, que no me tengo por novato, fórmula de masturbación. Habrá quien se ría, quien haga chistes y cuchufletas. A esos me gustaría enseñarles el filo de mis justicieros y limpios pies hasta verlos postrados ante un científico que ha muerto experimentando, que ha fallecido en busca de un nuevo camino en el horizonte del placer solitario (tan solitario y tan grande como ese sol que le orientaba en sus correrías por los desiertos de nuestra adolescencia) hasta que aprendan a rendir honores a quien ha demostrado que el pensamiento no sólo vence a la bala ni a la lanza. Ya sabes, lo dijo Ortega, que la erección es un pensamiento. Y él pensó, hasta el último momento pensó en como seguir pensando más allá del horizonte de los 72 años.

Y la verdad es que no sé que decir porque uno también va teniendo ya sus años.